miércoles, 19 de junio de 2013

DE POESÍA DE HOY





 

QUIEN LO PROBÓ LO SABE. 36 poetas para el tercer milenio. Estudio y selección de Luis Bagué Quílez y Susana Rodríguez-Rosique. Institución Fernando el católico. Zaragoza 2012.

        Bastante hastío y sensación de dejà vu es lo que le embarga a uno tras la lectura de esta antología, otra más --y son bastantes las que se publican cada año---que pretende dar cuenta u ofrecer un panorama de la última o más actual lírica española. En primer lugar, y salvo algunas pocas excepciones, que acaso puedan llegar a una docena escasa de los casi doscientos  textos incluídos en la presente compilación (a unos cinco piezas por cada uno de los 36 autores del título), estos poemas  están escritos en un español ignaro y balbuciente, cuando no plagado de modismos y tópicos de la jerga de los adolescentes, acribillado de anglicismos gratuitos, y por si fuera esto poco todavía, con múltiples adherencias del tam-tam o ronrroneo expresivo de los medios, de los lugares comunes de la sociología espontánea y de la crítica política más obvia y banal. La cosa llega a veces al extremo de la ceguera absoluta para con la lengua viva. ¿desde cuándo se ha dicho en español "tomaron un pequeño apartamento "---p.92---o" quien llama es igual a un latido--p.101--?
       Y en segundo, no hay el menor atisbo de cuidado para con la imagen---que sencillamente en muchísimos casos no aparece por ningún lado---ni para con el ritmo y artificio del verso y los juegos con la sintaxis, para no hablar de la versificación, porque aquí ya se sabe: esto está urdido mayormente en verso libre, esto es, en prosa disfrazada (y en algún caso sin disfrazar) como decía el otro, o sometida simplemente a un artificio tipográfico. A lo que se llega a veces ---y eso en verdad ya es algo--- es al ripio  del rap : "Me gusta Otis Redding, qué fraseo./ Te gusta Otis Redding, qué meneo"---p. 81--- ,o al instantáneo fogonazo de la proclama política : GLOSA A CELAYA. "La poesía / es un arma/ cargada de futuro/ Y el futuro/ es del Banco/ de Santander" ---p.75--- que al menos tiene cierta gracia en su desgarro y que además dice verdad ( y no sabe quizá su autor hasta qué punto), pero que obviamente no es un poema. En cuanto a los asuntos, que al fin y al cabo es lo que menos importa en sí mismo, toda vez que indisociables y coextensivos de lo que siempre se llamó forma, lo que predomina es la vagorosidad digamos metafísica o divagatoria para no decir nada, la nota de aspecto costumbrista o social ---un poco al modo de los poemas de study of manners de la tradición anglosajona, aunque sin su a menudo sabia impostación de la voz poética ni background irónico---, y, como es lógico, todo lo que sobreabunda en cualquier poesía moderna desde los románticos: los gritos o aullidos de soledad y desamparo, las cuitas de amor o los absurdos existenciales.
     Ya empecé diciendo que, para ser justos, hay---pocas--- excepciones: alguna dignidad tienen los endecasílabos y heptasílabos blancos de Aurora Luque, de Lorenzo Olivan ---dos de los versificadores de esta antología de los que había ya leído algo-- y de algún otro, o el descarnado desgarro de Roger Wolfe o de Pablo García Casado.
     Una nota acerca del prólogo (de los Materiales complementarios que cierran el libro, preparados por Susana Rodríguez pp. 219-248--es mejor prescindir de un plumazo, sin más): la lectura de sus treinta páginas se me ha hecho fatigosa y un tanto irritante por cuanto constituye un desmesurado precipitado de huera palabrería pedante, con abundante remisión en cita a pie de página a otros estudios, que para más inri y como suele ser demasiado habitual, no se refiere para nada a los textos mismos. Se habla allí, entre otras cosas, de "realismo (en) singular  (Luis García Montero)", que no sé qué es ni el autor se molesta en explicarlo, o de "amortización de los metarrelatos explicativos" , que nos deja igualmente a oscuras, o incluso, en lo que es ya un glorioso alarde, de "una écfrasis intersticial" ,  al parecer categoría o invento de un señor Matín-Astudillo en un estudio reciente--- La mirada elíptica--- sobre la materia. Es una especie de intento de repertorio o tabula clasificatoria en donde parece que lo que importa es etiquetar con palabros cuanto más vacuos y rimbombantes mejor,  amén de un embutido de afirmaciones, a modo de proclamas teóricas,  para mí al menos difícilmente inteligibles: "La sombra de la Red reproduce una lógica hipertextual según la cual el discurso es un generador de conexiones e hipervínculos" --p.35---o, con otro ejemplo, uno no entiende para qué se dirá o qué coños quiere decirse cuando, hablando de un tendencia de escuela o grupo , se dice de ella que incide en la naturaleza cultural del hecho creativo ---p. 29--Pero bueno, ¿no es de por sí cultural todo hecho creativo? A qué seguir.
     Para acabar: amoscado y con cierta curiosidad, inquirí en la red por ver  algo de lo que se había  escrito sobre la presente antología. Poca cosa: una reseña en su blog ---y otras de parecido tenor en los correspondientes--- del reputado crítico Manuel Rico, que se limita a apelar a la teoría orteguiana de las generaciones, afirma que la poesía española de hoy traduce la desazón y el desencanto de nuestra sociedad ---qué diamantina lucidez---y se limita por último a nombrar en serie, por riguroso orden de aparición, a los artistas, quise decir los poetas antologados, no sin lamentar que se no se incluyera también a otros cuantos (puestos a pensar mal, sin duda amiguetes suyos)  sin tampoco una sola palabra que se refiera a los textos.
     En fin, uno se se siente tentado a pensar, aunque ya comprendo que es demasiado facilón, que si este es el nivel y la situación de la poesía española más joven  ---los antologados han nacido entre 1962 y 1985--- lo que refleja no es ninguna desazón sino el estado mismo del país. Con razón se habla tanto del deterioro de la Marca España.

lunes, 10 de junio de 2013

RADIACIONES

Ernst Jünger . Pasados los setenta. Diarios (1986-1990) Tusquets. Barcelona.2011.
     Acabo de leeer con no poca fascinación las más de cuatrocientas apretadas páginas de esta nueva entrega  ---la sexta, y la cuarta de las que él tituló Siebzig verweht, Pasados los setenta-- de los monumentales Diarios del gran Jünger. El texto incluye las anotaciones de los años 1986 hasta 1990, cuando el autor había ya franqueado la barrera de los noventa ---murió a la bíblica edad de 103---pero conservaba gloriosamente intacta su prodigiosa inteligencia, fina sensibilidad y capacidad de razonamiento. Había yo leído tiempo ha sus novelas Abejas de cristal, Tempestades de acero, En los acantilados de mármol y también  la primera serie de Radiaciones, que creo que publicó la misma Tusquets allá por 1995 y ahora la admiración por él se ha visto redoblada.

     Se trata de un heteróclito conjunto, que oscila entre la página y media y una sola línea, de observaciones, elucubraciones, anécdotas maravillosamente narradas y captadas en su pleno valor significativo, descripciones  de sueños o pesadillas, relatos de viaje, notas de paisaje, de lecturas, precisísimas ---y muy abundantes---descripciones entomológicas y botánicas, notas y observaciones de tipo gramatical ---peculiaridades de un giro o haz de resonancias de esta o aquella expresión en alemán---, breves discursos de agradecimiento por la concesión de honores o de premios ---el de la aceptación de su investidura como doctor honoris causa por la Universidad del País Vasco y su viaje a Bilbao en 1987 no tiene desperdicio---, observaciones de fondo histórico o de calado político o moral y aún muchas cosas y asuntos más. Y todo ello en una prosa fría, acerada, de gélida lucidez, sin concesiones para nada a los pantanos del sentimentalismo, las coacciones de la corrección política ni a los trampantojos del relativismo moral.

     A esas alturas de su vida Jünger no solo era un conservador de riquísima experiencia existencial --- vivió de cerca las dos guerras mundiales y antes una adolescencia cosmopolita y aventurera--- del que bien puede decirse que lo había visto  todo de ese atormentado siglo XX que le tocó vivir, sino que también escribe y opina con soberana libertad: quizá se sabía respetado por los mejores  y en este sentido un tanto impermeable a las críticas de la mediocridad rencorosa o del resentimiento político. Viajó de continuo, a muchas partes del mundo, de joven y de viejo ---a Malasia, a Africa del Sur, a Italia, a las islas griegas, a España, para mencionar solo los viajes consignados en esta compilación---al tiempo que vivió  retirado, desde mediados de los cincuenta hasta su muerte en 1998, para trabajar y escribir en silencio, en el pueblecito suavo de Wilflingen.

     Lo más digno de admiración es la insaciable y enciclopédica curiosidad ---!a su edad¡--- ante el espectáculo del mundo, que le lleva lo mismo ante los olores o las formas de las dalias en Extremo Oriente que hasta la fascinada observación, lupa en mano, de las evoluciones de las colonias de hormigas de su jardín o a las observaciones de las propiedades terapéuticas de las especias usadas en la cocina malaya. Y para muestra bien valen unos pocos botones: comentando el aniversario de la muerte de uno de sus hermanos y cómo queda la llaga de los amigos y seres queridos desaparecidos: "El círculo se va haciendo más pequeño, como la cola de un cometa que se va volviendo más clara a medida que pasa y, al final, termina por apagarse, pero el núcleo permanece" ---pág.187---. a propósito de lo que podría considerarse un rasgo característico de nuestra época:" La psicología de la dirección de masas es cosa de la propaganda, su estrategia es una cuestión de transporte. La una depende del dominio de los medios, la otra del parque de máquinas(...) ambas han aumentado rápidamente desde hace doscientos años tanto en lo referente a las masa móviles a las que se dirigen, como también a la frecuencia de los movimientos" ---pág 145--- o bien todavía, acerca de lo que se puede pedir al Arte y a los artistas: "Las dos tareas del arte son idénticas: aproximación a la divinidad y destierro del miedo a morir" ---pág. 203--- ¿Cabe más ímprobo y casi imposible trabajo? ¿Cabe dedicar una vida a objetivo más excelso?. En suma: un libro egregio y magistral, del todo recomendable, un libro del que en verdad, y en el sentido más fuerte y noble de la experesión, solo cabe decir que se aprende.
    

jueves, 6 de junio de 2013

ULTIMAS LECTURAS


Después de una buena temporada sin haber vuelto a poner manos a este blog, he aquí que decido volver a él con una especie de breves fichas de lectura o reseñas de algunas cosas de las que uno ha venido leyendo estas últimas semanas.



Félix de Azúa. Autobiografía de papel. Barcelona. Mondadori.2013.
Tras su Autobiografía sin vida, aparecida hace cosa de un par de años y reseñada al poco en este blog, sale a la luz ahora este ensayo. La primera impresión de lectura es que se trata de una especie de autobiografía intelectual pergeñada a partes iguales ---y ya comprendo que esto puede resultar muy contradictorio---con considerables dosis de retranca y autodistanciamiento irónico y no menos egolatría narcisista. Azúa es muy inteligente y posee caudalosas lecturas, eso es evidente y casi nadie en el mundillo literario español se lo niega, pero a mí me parece que escribe muy mal, quiero decir que escribe de un modo que a mí no me gusta demasiado, que no es por supuesto lo mismo pero a efectos prácticos, desde el punto de vista del lector que lee ante todo por placer, viene a resultar algo muy parecido.Aclaro de todos modos que al decir que escribe muy mal me refiero más que nada a sus novelas y su poesía.
De las primeras creo que no he podido leer más allá de las iniciales cuarenta páginas de ninguna de ellas y solo recuerdo con placer la magnífica presentación, paródica y cruel, que hace del personaje de Gabriel Ferrater al principio creo que de Momentos decisivos . De su poesía baste decir que está sencillamente en los antípodas de mis gustos y querencias y que además me cuesta trabajo el reconocerla como tal, quiero decir como poesía: hastal tal punto la falta de cualquier atisbo, en casi todas sus piezas, de ritmo y musicalidad, junto con la vorágine de la elusividad y la obsesión hermético-culturalista, que degenera a menudo en una especie de mantra conceptuoso y cuasiininteligible, me tira para atrás. Recuerdo sin embargo uno de sus versos, no sé de qué poema ni libro, que me parece espléndido, porque además ocurre que le salió un perfecto hexámetro: el sol, opaco como el ojo de un mulo muerto. De todos modos él mismo ha abandonado ya su cultivo, convencido ---según afirma en este libro y en lo que creo que no le falta cierta razón---de la inutilidad e inanidad de la poesía de hoy, en España y en cualquier sitio, en comparación con los grandes maestros del XIX y del XX y de la imposibilidad para ella de competir con la Ciencia como intento de visión y explicación del mundo.
Otra cosa distinta son sus ensayos, que leo con placer y provecho, entre ellos este que aquí considero y que no dejo de recomendar, aunque tampoco me fascine como estilista: esa prosa fría y analítica, tallada como a martillazos y con demasiados existir y totalidad  (¿cómo se puede optar por un terminacho abstracto como éste y escribir cosas como La totalidad de la población cuando se puede decir simplemente toda ?), aparte de que parece incluso olvidar a veces el régimen preposicional de los verbos ( Insisto por última vez que la mercantilización...---pág.77). Da incluso la impresión ---si es que esto fuera por un acaso de verdad posible, que no lo es, pero lo digo casi como una broma---de que piensa en una mezcla de francés y catalán, por mucho que su lengua materna sea el español y su comercio lingüístico cotidiano se haga con los parámetros  de ese castellano-barcelonés (como lo llamó en su día Badía Margarit) de buena parte de la burguesía de su ciudad natal, aún más que hoy en los años precisamente, los de su adolescencia y juventud, en los que Azúa se formó como escritor.
Pero bueno, tampoco hay que exagerar. Este ensayo no es desde luego nada desdeñable sobre todo si se tiene en cuenta lo que se escribe y publica hoy en español. Azúa recorre su vida de homme de lettres y su trato con los, sucesivamente, cuatro principales géneros litrarios que ha tocado, poesía, narrativa, ensayo y lo que él llama periodismo, en rigor hoy ya casi indistinguible de la novela y el ensayo. Con la poesía se despacha a gusto (y con el ambiente de militantismo y politiquería de fines de los sesenta) y cuenta con mucho regodeo las circunstancias---pero esta es historia muy conocida--- de la operación de la célebre Nueve novísimos de Castellet y de los manejos de los Barral, Gil de Biedma y compañía. A este respecto es de agradecer que transcriba completa (pp.51-53) la célebre diatriba contra JRJ de este último, de 1960 y en Veinte años de poesía española, diatriba que yo nunca había visto entera y de la que solo conocía la puya final de mezquino y malicioso señorito de casino de Huelva. Biedma dice ahí algo muy agudo, algo que cualquiera que se haya puesto a hacer versos intuye y siente de inmediato si es un poco honrado y sincero: que la incapacidad ( que tanto se da entre los sedicentes versificadores, añado yo) para hacer que la voz que habla en los versos lo haga contra las propias emociones y sentimientos de la persona del poeta es la marca indeleble del poeta menor, esto es, de la mala y prescindible.
Azúa analiza luego la novela a la luz de la recepción en España de los vanguardistas ---inevitable---hispanoamericanos y, tras los necesarios guiños admirativos para con el maestro Benet, despacha de un plumazo la propia producción novelística hasta Ultima lección a modo de inmaduros y pretenciosos pecados de juventud . Se detiene luego un tanto en sus novelas posteriores, las que ha urdido a partir de Cambio de bandera, a las que atribuye un intento consciente de tematizar lo que llama "la representación del desencanto", intento del que no dice si le parece logrado hasta algún punto o no. A mí  se me ocurre que se trata de novelas ensayísticas, demasiado aherrojadas y sujetas a la pretendida demostración de una tesis previa y, como tales, novelas fracasadas.
La segunda mitad del libro me parece notoriamente más jugosa y rica, más puntillosa y penetrante. Azúa ve el ensayo, la prosa periodística (y en las últimas páginas también los blogs y los textos archivados en las webs)  y en general la "cultura" de estos tres últimos decenios como manifestación de la absoluta banalidad y mercantilización del mundo ( que todo es ya mercancía ya lo sabíamos muchos, pero él lo argumenta con ingenio y sentido del humor). Después de ajustar las cuentas con los utopismos del tipo de Mayo del 68 (hay que decir que un poco tarde, y de todos modos a estas alturas eso es demasiado facilón de hacer), entra en la consideración de la "democracia total" (como llama al actual régimen dominante en los países ricos,  y en realidad en casi todo el mundo ya, salvo en China y en Corea del Norte, pero todo se andará) y su modo de afianzamiento y dominación (la locura tecnológica, Internet y todo lo demás) que se basa según él en la venta universal de la felicidad:" La felicidad es una abstracción bancaria que se vende como una promesa de bienestar permanente"--pág.105---A hacerse cargo del surgimiento de esta democracia total se han dedicado con mayor o menor fortuna a su juicio sus artículos de prensa  y ensayos desde El aprendizaje de la decepción---para mi gusto y junto con el Diccionario de las Artes lo mejor que ha escrito. El verdadero y radical cambio que se estaría operando, en fin, en nuestro mundo, es el traído por aquel recién llegado, "un monstruo nacido después de dos guerras mundiales y una revolución catastrófica y del que no tenemos ni idea de cómo va a desarrollarse" ---pág. 169---, monstruo que apoyándose en la Red y en las redes, puese que devenga a corto plazo ---está empezando ya a hacerlo--- en la más completa y monstruosa dominación, control y manipulación de masas que haya conocido la Historia. Me parece bastante razonable y verosímil: en los más miserables y apartados suburbios del Tercer Mundo todo cristo ---igual que aquí--- está enganchado a un ordenador o un móvil o como mínimo a la televisión. Pues eso: saque cada cual las  consecuencias que quiera.


domingo, 27 de enero de 2013

VEROSÍMIL IDILIO VIRGILIANO


      Acaba de ver la luz Caballos de labor , última hasta la fecha de las novelas cortas o, si se quiere, cuentos largos del escritor turolense Antonio Castellote, relato admirable desde todos los puntos de vista  y en todo caso muchísimo mejor a mi juicio que cualquiera de los dos libros anteriores que de él he acanzado a leer, Fabricación británica (2007) y las tres piezas incluídas en Geórgicas (2009), toda vez que me ha parecido harto ostensible aquí el ahondamiento, ya bien cuajado y paso a paso ganado con la insistente perseverancia de un honrado orfebre, en la destreza y maestría técnica del oficio de narrar, y en consecuencia ya muy lejos de alguna que otra impericia, precipitación o aspereza de que adolecían  algunos tramos de los antecitados, sobre todo la parte última del primero.
        Se me aparece, por lo demás y dicho sea de paso, del todo justa --- máxime cuando vemos que se elogia y premia por ahí, mucho más de lo tolerable, tanta inepcia y morralla ---la concesión que a la obra que nos ocupa se ha dado del premio de novela corta Maestrazgo en la edición de este año.
       
        Lo primario y fundamental al juzgar este Caballos de labor es desde luego el que ha sabido, en tanto artefacto literario, orillar  ---habida cuenta del mundo que se propone fabular---cualquier atisbo de ese costumbrismo acartonado, esa como impostación o inautenticidad de las que no están del todo libres algunos notorios prosistas españoles de hoy que en ocasiones han tocado esa tecla, y pienso incluso en Mateo Díez o en Julio Llamazares: aquí, en esta suerte de elegía por y a la vez plasmación de las problemáticas esquirlas de sobrevivencia de un mundo ya acaso irremisiblemente semiperdido, hay tan solo y de manera señera una especie de verdad, la que naturalmente emana de esta prosa límpida y tersa , la que en su justa y exacta medida viene a exigir casi me atrevo a decir que desde una instancia moral el tema mismo del relato y su aprehensión y planteamiento simbólico; aquí no hay, en fin, cartón fallero: el viejo vocabulario campesino del terruño no suena en ningún momento falso o forzado, para no hablar además de los no pocos logros verbales en las descripciones y el uso del vocabulario: esas tetas de Azucena grandes, lozanas, agropecuarias de la pág 21 o la estupenda retahíla de instrumentos musicales tradicionales del Bajo Aragón que puede hallarse en la 87.

        Una ocurrencia feliz  me ha parecido además, como lector, el que todo el relato bascule, desde el presente de la rememoración--narración del narrador, sobre el hecho de la muerte de Labordeta, que sirve al mismo tiempo como adecuado contrapunto, focalización y motto del núcleo temático del texto, ese malentendido habido entre los cuatro personajes principales, inesperadamente desentrañado por el narrador treinta y tantos años después de que aquel acaeciera. Y es que el narrador mismo es un personaje de carácter, en la acepción que Ferlosio da a esta expresión, y que teoriza, como es sabido, a partir de figuraciones previas de Nietzsche y luego de W. Benjamin --- del primero de ellos, repárese en esta espléndida sentencia: " El que tiene carácter tiene una experiencia que siempre vuelve", lo cual viene a significar sin duda que si uno tiene carácter, su destino, esto es, su conformación desde la entelequia del futuro, viene a resultar esencialmente constante, lo cual significa a su vez que no tiene destino. Lo contrario, claro está, de lo que le ocurre a Martín, su hermano, que lenta y trabajosamente lucha, desde la evidencia de la ruina de su, a la manera unamuniana, yo ex-futuro, por vivir y aprender en el espejo ambiguo y resbaladiza contrafigura del carácter del narrador, de su , podríamos decir, ir haciéndose en la vida en vez de representarla  o imaginarla. Claro, que, no nos engañemos:  ni el narrador tampoco es propiamente, ni podría serlo nunca dadas sus circunstancias, un campesino del Bajo Aragón, ni su hermano un progre de los setenta enamorado de la aldea....para ir de fin de semana a tirar algunas fotos, y esto también sería ya de por sí un logro más de la novela, el que la distribución de papeles no fuera tan simple ni meridianamente neta.

       Mucho creo que hay, en fin, del alma y del corazón de Antonio en esta novelita  deliciosa con que  nos ha regalado a sus amigos y lectores, y de él no podría decirse lo que escribió, con sibilina retranca y barriendo un poco pro domo sua, Alfonso Reyes de su amigo el gran filólogo Henríquez Ureña, de que era "un informe borrador de que todos sus amigos eran como copias en limpio", no; aquí es más bien casi al revés: Antonio viene siendo ya más bien copia en limpio, y si no puede ser un campesino de su tierra, que se levanta al alba para labrar con algún Severino los duros bancales hisutos de Jorcas o de Miravete, pues bueno, qué le vamos a hacer, cosas peores se han visto y más se perdió en Cuba, aunque solo sea porque de la añoranza, ay, hermano, también se vive. Ahora lo que hace falta es que la cosa prosiga, y él ya me entiende.

martes, 6 de noviembre de 2012

MÁS SOBRE AGUSTÍN




    Acabo de curiosear un buen rato pasando los ojos por lo que han dicho y escrito algunos medios a propósito del asunto. Ya es suficiente. No quiero leer más. Con no poca tristeza, pero ningún desengaño, pues de algún modo todo esto ya se sabía ( sin ninguna petulancia: se sabe lo que van a decir los medios antes de verlo), voy a copiar aquí algunos versos como nueva recordación y homenaje al maestro, que me temo que nunca vamos a añorar lo suficiente. Pensé incluírlos en la entrada de ayer, al final, pero ya me parecía demasiado larga.

     Se trata en primer lugar de dos poemas de mis 79 Sonetos (1995), luego de un poema escrito el´pasado viernes día 2 por la mañana, mientras hacíamos tiempo (oh por todos los Dioses, qué tremebunda expresión¡) en el tétrico tanatorio de Zamora y por las callejuelas y bares de los alrededores para acudir al cementerio a media tarde, y por último del memorable poema---uno  de las docenas y docenas de soberbias piezas que alcanzó a componer, ésta, particularmente estremecedora dado el asunto---el núm 13 del Libro de Conjuros (1981), composición que Isabel Escudero leyó con encantadora emoción contenida, a pie de tumba, mientras se daba tierra al cuerpo de Agustín. Sic tibi terra levis.
     
                      I                     
Son de tres tonos tus camisas, tres,
---granate tierra, lila, verdemar---,
gesto y amago un poquitía al bies
y en la testa mil canas, no al azar.

Y esa mentura de un mundo al revés
es balumba que das en desmontar
ubicua, ay, necesaria y ancilar---
con cañamazo en que en su haz y su envés

va bordando con voz con hilo duro.
¡Manes de Don Antonio, de Aristarco¡
¿Razón y corazón del mismo lado?

¡Quién fuera solo voz, tan solo el marco
con que el baile bailar con pue cambiado:
compás oscuro, claro, y claro, oscuro.

     ******************
Esa voz....esa voz vuestra.....hay alguno
que es de verdad también como un  destello
afirma de ella, un algo como un ello
de dónde nadie sabe ni ninguno,

lugar en que alma y cuerpo, de consuno,
juntos discurren a poner su sello,
a burlarse del culto y del estrello,
que en verdad hozan en redil perruno.

Y así, ¿quién ha de haber a ese guarismo
ciego, si algo hay en él de aquel, de aquella?
Algo hay quizá del eco indescifrable.

de la innú,era gente de la estrella
de todos y ninguno, que es lo mismo,
en la voz esa, ensalmo indeclinable....

pues que no hay Dios ni Ley que a contradanza
no podamos bailar, solo el asinto,
maestro, es decir NO  al texto del mundo:
palabra, ni consejo ni esperanza.

                      II
A él, que vivió de siempre
                 contra el Señor
                        y contra él
levantara la palabra
                 ---rosa de nadie---
con el dardo y el martillo
                        y el cincel,
en pos de algo de por donde
medioatisbarse se nos diera
un mundorenovado, sí,
                        pero al revés,
a él mismo nos lo ha matado,
de aquel Señor tan alto
                        la dura Ley;

sí, dicen por ahí que Dios
a él se nos lo ha llevado,
                      que a traición
                      segó su mies,
como igual nos llevará,
matándonos en vida,
el día que así lo quiera,
           a todos nosotros
                     ay, también;

ah, pero eso es mentira
desde la firma hasta la cruz,
y desde el haz rugoso
                      hasta el envés:
la blanca idea del vulgo culto
           que el Amo siembra
                      por doquier,
y hay así pues que cantarla
            -       --pues mentira es---
                      todos en corro
            una vez por siempre
                      y otra vez;

            sí, pues que has de ver
de qué modo aquella patraña
            ---fuero del Amo y su hiel----
era tan solo la falsa espuma,
            la averiada loa
                       del entremés:

            y pues que oye,
                       que no pues,
que no hay ningún Dios que pueda
            ---ni Dios ni Ley----
matarla jamás a la vida,
             y ni Dios ni Ley
cuya música no se pueda acaso
a contradanza bailarla
             o a contrapié,
y que todo lo que en torno
                       a ti ves
ni es todo cuanto, cerrado, hay
              ni es lo que es;

              y por todo eso
                       ---así pues---
pus tu luz y tu estela ya irradian,
maestro tan sabio y tan bueno,
                        a cercén,
y tu voz ya resuena en tus barbas
y en tu saturniana sonrisa
                         y en tu piel,
y por encima de lo vacuo de toda
futuridad y de toda
estólida nombradía
                         y oropel,

viva lo que por mucho vivió
y ha vivido y aún vive
              siempre en pie,
y sea lo que sea quien viva,
y en lo que será y ha sido,
               sería o fuera
                         y era y es.

             III
¿Cómo vas a quitarme de pronto
tantas cosas que me habías dado,
            tantas joyitas baratas
            que me ibas prendiendo al pelo,
                  a la piel, a los labios?

Aquel cinto de peces de plata,
la diadema aquella de los pájaros
            --dime--y las sartas de rosas
            que sueles colgarme al cuello
                   al tornar de los años,

y las manos que traen en cuenco
otra y otra grana de milgrano,
             y los ojos amigos que cruzan
              y sueños por la ventana,
                   y las nubes pasando,

¿vas un día a llevármelas, tantas?,
y el rumor de perlas en los vanos
            de los oídos al alba,
            y el zumbo de sangre al írseme
                   estirando los brazos,

tantas hebras de hilada costumbre,
tantos devaneos devanados,
            ay, y recuerdos, recuerdos,
            y cartas amarillentas
                   en el claro sobrado,

y sentir en los pulsos olitas
al bajar al río, y en los bancos
           entretejerse los mismos
           amores y no los mismos
                   corazones o labios,

y a todos mis días un día,
¿vas a convocarlos y pasmados
            vas a decirles "teníais
            un número, y era éste,
                   fin, ya está, y acabado"

y "es el último este momento?
¿Es el último? ¿Por qué? o ¿Cuándo?
             Tantos que eran, y todos
              ¿no eran el mismo? Y ¿dónde
                   vas ahora a llevártelos?

¿Para quién me los quieres? ¿A quién
van a servirle? ¿Adónde vas a echarlos?
             ¿Vas a dejarme tan pobre
              de tanta riqueza? Y eres
                   tú quien todo me ha dado.

¿Para qué me lo dabas? ¿Por qué
me hacías de tu sombra los regalos
              de oro? ¿Por qué me engañabas
              así? ¿Para qué querías
                   irme así enamorando?
   


lunes, 5 de noviembre de 2012

AGUSTÍN EN EL CORAZÓN



   Hablé con él por primera vez en el ya remoto diciembre del 78, en los viejos locales de la CNT barcelonesa, en la Vía Layetana, por entonces recién devueltos a sus legítimos propietarios de preguerra por el aparato burocrático franquista del Sindicato Vertical, y recuerdo muy vívidamente cómo lo que más me llamó la atención, en la vibrante y oratoriamente considerada casi perfecta alocución que había soltado, y sobre todo en el coloquio que la sucedió,era la manera en que se las    apañaba para hablar de tú a tú --- de tú a tú, esto es, no ya solo desembarazado con soltura y facilidad de los equívocos supuestos en  e inherentes a una charla o conversación entre personas de eso que de modo un tanto burdo se suele llamar gente de condición social y cultural harto desigual, sino de verdad hermanado con ellos--- con algunos viejos militantes anarquistas catalanes, algunos de ellos ya entonces octogenarios,que mayormente fueron los que tomaron la palabra en el intercambio de opiniones y saludables invectivas que, como digo, siguió a la conferencia propiamente dicha. He de decir que yo entonces había acabado de iniciar mi veintena y estaba en Barcelona nada menos que haciendo la mili, de manera que no las tenía todas conmigo al asistir a un acto como aquel, con el pelo al cero, una raída anorak azul y el vaquero negro subiendo de las botas reglamentarias en el honroso ejercicio de servir a la patria . Ahora todo el mundo sabe que no habría pasado nada, que el gobierno de entonces --- el de Suárez, dos años y pico después de muerto el tirano--- y el mismo establecimiento militar tendrían cosas de mayor enjundia en que ocuparse, pero por  aquellas calendas uno ya llevaba por desgracia bastante interiorizado el miedo pasado los tres años anteriores en las facultades madrileñas, tanto al menos como para que éste aflorase a la menor , y además con los ribetes y flecos de una casi inevitable paranoia.

     Había subido aquella misma tarde Agustín de Madrid en compañía de nuestro desde ese momento común amigo, el malogrado economista y sociólogo zamorano Miguel Casquero, al que yo ya había tratado de un par de años atrás, desaparecido él mismo hará hoy cosa de 3 ó 4 años en muy penosas condiciones. El caso es que charlamos en el hall y luego en la calle, después de que Miguel nos presentara ---yo no poco nervioso, pues estaba conociendo, en carne mortal, al personaje que tanto admiraba (lo había visto de lejos un par de ocasiones antes en algunos mítines y charlas en Madrid, pero no me había atrevido o no había creído oportuno el tratar de acercarme a él),  y Casquero mirándonos con aquella sonrisilla y aquella zumba irónica que lo caracterizaba---,  y lo cierto es que lamenté mucho el no poder ir con ellos a cenar a un sitio de la cercana calle Avinyó, adonde amablemente me invitaban, en compañía, para más inri, de un par de atractivísimas y muy apetecibles aprendices de filósofas, doctorandas en Bellaterra, que ignoro si conocían de algo o cómo se les habían pegado, y esto porque, y ahí  sí que me jugaba algo más que el bigote, yo tenía que estar de regreso en el cuartel como máximo a las diez y media de la noche.

     Desde aquella lejana noche (¡34 años¡) tuve el impagable privilegio de tratarlo muy a menudo, en Madrid y en nuestra ciudad de Zamora, y creo haber aprendido de él tantas y tantas cosas oportunas y sustanciosas ---y ya se comprende que no me estoy refiriendo solo, aunque también, a esas de las llamadas culturales o intelectuales--- que difícilmente tendría con qué devolverle, así fuera en un grado mínimo, el favor..... si de verdad se tratara de eso. Era, en contra del interesado bulo propalado por algunos cerdos, afable y cariñoso con el otro si le cogía el tranquillo, cosa que en su caso ocurría casi de inmediato, y si no veía en él servilismo e interés, y sabía como nadie enseñar , sí, pero también--- lo cual extrañará que se diga de alguien de tan excepcionales talla y enjundia intelectuales---- aprender, si por ello se entiende lo que hay que entender: abrirse al otro, mirar con mirada piadosa y comprensiva también sus fallas y sus miserias: le gustaba mucho acudir a citas de Jesucristo, pues, al igual que otros muchos textos antiguos,  conocía los Evangelios prácticamente de memoria, sobre todo a aquélla de No juzguéis ... o aquella otra de Como los pájaros del cielo o los lirios del campo, despreocupaos del día de mañana...
     En fin, a mí me parece que la obra y el legado que Agustín nos deja son literalmente inmensos, y no puede menos, dicho sea de paso, que escandalizar el ominoso silencio, fuera del articulillo de circunstancias, que su muerte ha suscitado, salvo honrosas excepciones, en la clase intelectual española o ---lo que es bien mirado peor, solo que esto resulta del todo inevitable--- la cascada de tópicos hueros que algunos medios ( los que los Medios de formación de masas, como el llamaba con justeza, han destilado estos últimos días por ahí. ). Anoche mismo me alegró no poco, no obstante, leer el espléndido artículo que sobre Agustín mi buen amigo Antonio Castellote insertaba en su blog, así como la gentileza que para con su memoria y legado tenía mi también excelente amigo y compañero Rodolfo López Isern al copiar admirativamente en el suyo, sin duda con , en su caso, un arreón de comprensible nostalgia, los memorables dos Sonetos Teológicos que circularan en copias de ciclostil allá por fines de los sesenta entre los universitarios madrileños, antes de usarse, ya editándolos, como pórtico a la primera edición del Sermón de ser y no ser en 1973.

     Decía que la obra de Agustín es única y casi inabarcable, no tanto solo por la cantidad y calidad, ya de por sí excepcionales, sino sobre todo por la multitud de caminos sugeridos o apuntados, sugerencias y puentes que podrían tenderse entre disciplinas y saberes aparentemente dispares o alejados, y así por ejemplo, en las tertulias del Ateneo, que se dieron, semana tras semana, desde 1997 hasta hace apenas quince días, no dejaba de admirar cómo se las ingeniaba para pasar de un poema de Machado o de Unamuno a una tesis de Heisenberg o una cita de Einstein, del comentario de un hecho de la actualidad política al desmenuzamiento de un fragmento de Heráclito, de un enunciado matemático ---cuando no de la noción misma de "Número"--- a un comentario de un pasaje de la vieja física atómica de los antiguos en la Rerum Natura lucreciana o a la evocación de un dialoguillo entre personajes de una comedia de Woody Alle.... para demostrar o al menos sugerir que en todos esos sitios se venía a decir o a entrever  acaso sustancialmente lo mismo...

    
Sí, única e inabarcable... En el ámbito de la Linguística, ya sea clásica, indoeuropea o moderna, ahí están sus dos gruesos volúmenes, más de 900 páginas en total, de sus ensayos Del Lenguaje (1979) y De la construcción (Del Lenguaje II) (1983), eso para no hablar de sus otros dos no menos enjundiosos estudios y recopilaciones de ensayos Hablando de lo que habla (1989) y Contra la Realidad (2002) donde reformula y condensa, dinamizándolas y abriéndolas a otras perspectivas y caminos, varias tradiciones lingüísticas, sobre todo la chomskiana o generativista y la estructuralista de matriz americana desde Bloomfield, de quien prologó y criticó por extenso una amplia edición española de sus escritos hecha a mediados de los noventa por la Universidad del País Vasco. Por poner solo un ejemplo, entre otros muchos conceptos y nociones puestos por Agustín en circulación, considérese por los expertos y versados en lingüística su categoría de Instancia de Organización de Frase, desarrollada en el primero de los libros citados, y póngase en relación con la manera en que se ha enseñado o tratado de enseñar por lo común las categorías gramaticales convencionales.... Pero los que hacían cosas eran otros.... Una anécdota: allá por mediados de los ochenta, con ocasión de la publicación por el insigne y ya fallecido Don Fernando Lázaro Carreter de un breve volumen de Estudios de Ligüística que editó Crítica ---no recuerdo el año exactamente, ahora no tengo el libro a mano y no me apetece para nada buscarlo entre los anaqueles---, volumen que yo casualmente acaba de leer y que me atreví a citarle, mientras caminábamos, un oscuro atardecer invernal, a tomar un blanco a una taberna, ya desaparecida, que había, si mal no recuerdo, en la esquina de Luisa Fernanda con Martín de los Heros, me masculló entre dientes ése es un ignorante...y me dejó caer rápidamente, acto seguido, en un lenguaje algo elíptico y oblicuo, que el tal librillo(es muy probable que él le hubiera echado un rápido vistazo por arriba, pero con eso era a efectos prácticos más que suficiente), no pasaba de ser un refrito apresurado de algunas síntesis de la investigación corriente entre lingüistas americanos de segunda fila....por cierto, allí se permitía Don Lázaro descolgarse con la prenda, naturalmente en una nota a pie de página, de que Del ritmo del lenguaje,  que a Agustín le había publicado La Gaya Ciencia una década antes, no añadía ni aportaba nada sustancial a las investigaciones en curso....     En cuanto a la filología grecolatina propiamente dicha, baste echar un ojo a las ediciones, que en nada demerecen en cuanto a cuidado y esmero de las de los grandes filólogos alemanes del XIX, de un Willamovitz-Moellendorf o un Dhiels, de la Iliada (1995), del Rerum Natura (1997) o de los fragmentos de Heráclito (1985) para comprobar hasta que punto se alza allí, además de la apabullante y bien asimilada tradición de estudios eruditos, en la traducción al castellano, la más alta y requintada poesía, en la maravillosa adaptación y casi cabría decir que transverberación al genio de nuestra lengua, de los metros del  sabio y elegante artificio métrico, rítmico y versificatorio de los antiguos.....y no solo de los antiguos: ¿cómo se come el mamotreto de 1900 páginas en papel biblia del monumental y apabullante Tratado de Rítmica y Prosodia y de Métrica y Versificación (2005) , donde se exponen minuciosamente al menos 40 ó 50 tradiciones métricas y poéticas distintas, desde épocas remotas, desde los inicios védicos y mesopotámicos hasta los románticos del XIX y los simbolistas del XX, en no menos de otras tantas 40 ó 50 lenguas?

     Queda asimismo su labor como traductor. Tradujo con igual gracia ---pienso que solo, en la España moderna, Gabriel Ferrater, y para el ámbito lingüístico catalán, podría parangonársele como traductor literario----competenca y pericia de siete u ocho lenguas, por citar algún ejemplo desde algunos de los ya mencionados clásicos grecolatinos hasta los magnos y venerables Sonnets of love shakespirianos (versión que llevo fatigando, ay, no menos de treintaytantos años, sin que deje de revelarme, vez tras vez, alguna escondida maravilla más) o el Macbeth (cuya versión llevaron a las tablas por los pueblos de la provincia de Zamora, a mediados y fines de los cincuenta, él y sus alumnos del Instituto de Zamora, montando el tinglado muchas veces en un corral o en un pajar semiarrumbado.... en aquellos años: de vez en cuando nos contaba, él mismo maravillado, como aquellos pobres campesinos, muchos de ellos hambrientos y semianalfabetos, llegaron a esperar horas la reanudación de la función, sin moverse ni pestañear, porque se había ido la luz o porque la Guardia Civil requería un permiso gubernativo que faltaba), una prolija y farragosa biografía de Herder del alemán, la Philosophie dans le boudoir de Sade ( donde convierte el pedantesco y raciocinante francés del libertino marqués en un delicioso recipendario de no menos deliciosas obscenidades en español vulgar trufado de zamoranismos), textos en latín eclesiástico, en sajón antiguo, en latín medieval y muchos etcéteras.

     Respecto a la poesía dramática, publicó no menos de docena y media de piezas teatrales, todas ellas en verso( de todas ellas me quedo con Feniz o la manceba de su padre y con la "tragicomedia musical" Iliu Persis, que en la sin duda bien fundada opinión de su venerado maestro Tovar (en una reseña de El País ya en 1977 ), de representarse, abriría para el Teatro fronteras inimaginables e insospechadas . Pero, en fin, qué decir de la poesía, género en el que Agustín publicó más de veinte libros , libros en los que un servidor, ya desde la adolescencia allá por principios de los setenta, creyó aprender o medioaprender propiamente a fabricar versos....En esto casi preferiría no extenderme mucho...Bien poco se ha dicho y bien poco se conoce al que es para mí, y no solo para mí, uno de los más grandes poetas españoles de este pasado siglo, comparable a cualquiera del 27 o posteriores, pero, en fin, esto requeriría otra entrada por lo menos, y bastante extensa.

      Hablé más arriba de escándalo. Un par de pinceladas tan solo porque no me apetece y me aburre sobremanera detenerme mucho en el fangoso ---y aburrido--- asunto de las peculiaridades del mundillo literario español: escandaliza que, como poeta, pero también en todo lo demás, se le haya ninguneado, otra vez salvo honrosas excepciones, hasta lo indecible; seguramente provocaba demasiadas envidias: el volumen correspondiente de la HCLE de Francisco Rico le dedica línea y media, mientras se consagran docenas de páginas a ensalzar a los garciamonteros de turno: un reputado poeta español, aún vivo y de los más famosos de la así llamada promoción poética de los cincuenta, cuyo nombre omitiré por vergüenza ajena, se refirió en cierta ocasión a él llamándolo marmolillo ,sin duda celoso y picado en su honrilla y narciso por la afluencia de público ---tan masiva que a Agustín mismo le hacía gracia y no acertaba a comprender--- que suscitaran unas series de conferencias profesadas en La Fundación March  en 1985-86...En cuanto a él, tenía la elegancia de que no solía denigrar a nadie, pese a la anécdota que conté más arriba....aunque tampoco se puede decir que elogiara, habiendo lo que había y hay, a demasiados: entre sus contemporáneos, y entre los filólogos más o menos estrictos o profesionales, más de una vez le oí alabar el trabajo de Alvar o de García Gual, entre los más jóvenes que él, hablaba invariablemente con admiración de Azúa, de Víctor Gómez Pin, de Tomás Pollán y de algún otro.

     Se mueren los mejores, sí se van muriendo, en tanto vamos chapoteando, cada vez más, y con la que está cayendo, en un océano de estupidez acomodaticia, de pereza, miseria y cobardía. Qué le vamos a hacer. Qué pena. Una notita para acabar: para la desdentada, la Dama pálida, le copio aquí los cuatro últimos versos (vv. 2013-2016) del Sermón. " Bendito aquel que venga con la mano en alto/ y borre las cenizas de la muerte, un día/que la red de oro de par en par se abre al aire/ y se pierden los murciélagos por el hondo cielo". Pues eso, Agustín siemprevivo.

domingo, 12 de agosto de 2012

FERLOSIO Y VARGAS LLOSA SOBRE LOS TOROS


     En el diario EL PAÍS del domingo 12 de agosto aparece a página completa un artículo de Mario Vargas Llosa titulado La "barbarie" taurina, que viene a ser una respuesta directa a otro, aparecido unos pocos días antes en la misma publicación, de Rafael Sánchez Ferlosio, en el que, tanto por su habitual maestría y brillantez literarias como por su irreprochable razonamiento, se lanzaba una apasionada andanada contra la así llamada "fiesta nacional", pero no, por cierto, contra su actual descafeinamiento, edulcoración,degeneración o miserable sometimiento a los manejos de los políticos ---aunque a todo esto, por supuesto, se aluda implícitamente--- sino en sí misma, como, en lo sustantivo a su juicio, manifestación y celebración, tan gráfica como obscena, de lo más bárbaro, sadomasoquista y repulsivo del corazón humano, y se acaba concluyendo que lo mejor que podría pasarles a las corridas de toros es que desaparecieran de una maldita vez, y esto es lo esencial "no por compasión de los animales sino por vergüenza de los hombres".

     Pues bien, en la repuesta de Vargas Llosa, tras dar cuenta en los primeros párrafos de lo mucho que le emocionó y le hizo disfrutar la asistencia a una corrida en Marbella  --- descripción salpimentada con alguna que otra nota mundana o  de sociedad toda vez que había al parecer por allí, como no podría ser menos, mucho famoso, y celebrada clandestinamente, dice él, aunque no explica por qué-- en que El Cordobés, Paquirri y El Fandi lidiaron toros de Salvador Domecq, se lanza a un ditirambo de los toros a base de la consabida batería de tópicos manoseados de  su presunto origen etnográfico-religioso, la coreografía, la danza , la pintura, las  inevitables alusiones a Picasso, Lorca y otros,  y deplora la según él innecesarian saña y violencia verbal con que Ferlosio ataca a Savater y a Ortega , a este por haber escrito --- también en mi opinión, en esto coincidente con la de Ferlosio--- aquel excelso ortegajo , esto es, la soberana ridiculez pedante , a la que tan aficionado era el ínclito Don José, de que no se puede entender la historia de España sin tener en cuenta la historia de las corridas.

     En fin, para Vargas los toros parecen ser la quintaesencia y la epifanía del espíritu, casi a la manera hegeliana, y nada habría de recusable en ello si no fuera porque, utilizando su en principio respetable gusto y aficiones personales, lo mismo se podría decir, pongo por caso, del gótico tardío o de los arroces marineros. Pero Ferlosio ya se ve leyendo su texto que iba mucho más allá, pues que se abría a la tecla y la consideración moral, en el sentido más noble de la palabra . No deja de sorprender, en fin, una y otra posiciones, al haber sido Ferlosio un apasionado taurino desde su juventud y hasta hace muy pocos años y Vargas me da la impresión que un aficionado relativamente reciente, en el que la pasión taurina, me atrevo a suponer, casaría demasiado bien o vendría a ser demasiado condigna con sus conocidos, como dicen ahora, posicionamiento político y frecuentación o semipertenencia a ciertos medios sociaales, algo en todo caso en los antípodas de Sánchez Ferlosio.