lunes, 5 de noviembre de 2012

AGUSTÍN EN EL CORAZÓN



   Hablé con él por primera vez en el ya remoto diciembre del 78, en los viejos locales de la CNT barcelonesa, en la Vía Layetana, por entonces recién devueltos a sus legítimos propietarios de preguerra por el aparato burocrático franquista del Sindicato Vertical, y recuerdo muy vívidamente cómo lo que más me llamó la atención, en la vibrante y oratoriamente considerada casi perfecta alocución que había soltado, y sobre todo en el coloquio que la sucedió,era la manera en que se las    apañaba para hablar de tú a tú --- de tú a tú, esto es, no ya solo desembarazado con soltura y facilidad de los equívocos supuestos en  e inherentes a una charla o conversación entre personas de eso que de modo un tanto burdo se suele llamar gente de condición social y cultural harto desigual, sino de verdad hermanado con ellos--- con algunos viejos militantes anarquistas catalanes, algunos de ellos ya entonces octogenarios,que mayormente fueron los que tomaron la palabra en el intercambio de opiniones y saludables invectivas que, como digo, siguió a la conferencia propiamente dicha. He de decir que yo entonces había acabado de iniciar mi veintena y estaba en Barcelona nada menos que haciendo la mili, de manera que no las tenía todas conmigo al asistir a un acto como aquel, con el pelo al cero, una raída anorak azul y el vaquero negro subiendo de las botas reglamentarias en el honroso ejercicio de servir a la patria . Ahora todo el mundo sabe que no habría pasado nada, que el gobierno de entonces --- el de Suárez, dos años y pico después de muerto el tirano--- y el mismo establecimiento militar tendrían cosas de mayor enjundia en que ocuparse, pero por  aquellas calendas uno ya llevaba por desgracia bastante interiorizado el miedo pasado los tres años anteriores en las facultades madrileñas, tanto al menos como para que éste aflorase a la menor , y además con los ribetes y flecos de una casi inevitable paranoia.

     Había subido aquella misma tarde Agustín de Madrid en compañía de nuestro desde ese momento común amigo, el malogrado economista y sociólogo zamorano Miguel Casquero, al que yo ya había tratado de un par de años atrás, desaparecido él mismo hará hoy cosa de 3 ó 4 años en muy penosas condiciones. El caso es que charlamos en el hall y luego en la calle, después de que Miguel nos presentara ---yo no poco nervioso, pues estaba conociendo, en carne mortal, al personaje que tanto admiraba (lo había visto de lejos un par de ocasiones antes en algunos mítines y charlas en Madrid, pero no me había atrevido o no había creído oportuno el tratar de acercarme a él),  y Casquero mirándonos con aquella sonrisilla y aquella zumba irónica que lo caracterizaba---,  y lo cierto es que lamenté mucho el no poder ir con ellos a cenar a un sitio de la cercana calle Avinyó, adonde amablemente me invitaban, en compañía, para más inri, de un par de atractivísimas y muy apetecibles aprendices de filósofas, doctorandas en Bellaterra, que ignoro si conocían de algo o cómo se les habían pegado, y esto porque, y ahí  sí que me jugaba algo más que el bigote, yo tenía que estar de regreso en el cuartel como máximo a las diez y media de la noche.

     Desde aquella lejana noche (¡34 años¡) tuve el impagable privilegio de tratarlo muy a menudo, en Madrid y en nuestra ciudad de Zamora, y creo haber aprendido de él tantas y tantas cosas oportunas y sustanciosas ---y ya se comprende que no me estoy refiriendo solo, aunque también, a esas de las llamadas culturales o intelectuales--- que difícilmente tendría con qué devolverle, así fuera en un grado mínimo, el favor..... si de verdad se tratara de eso. Era, en contra del interesado bulo propalado por algunos cerdos, afable y cariñoso con el otro si le cogía el tranquillo, cosa que en su caso ocurría casi de inmediato, y si no veía en él servilismo e interés, y sabía como nadie enseñar , sí, pero también--- lo cual extrañará que se diga de alguien de tan excepcionales talla y enjundia intelectuales---- aprender, si por ello se entiende lo que hay que entender: abrirse al otro, mirar con mirada piadosa y comprensiva también sus fallas y sus miserias: le gustaba mucho acudir a citas de Jesucristo, pues, al igual que otros muchos textos antiguos,  conocía los Evangelios prácticamente de memoria, sobre todo a aquélla de No juzguéis ... o aquella otra de Como los pájaros del cielo o los lirios del campo, despreocupaos del día de mañana...
     En fin, a mí me parece que la obra y el legado que Agustín nos deja son literalmente inmensos, y no puede menos, dicho sea de paso, que escandalizar el ominoso silencio, fuera del articulillo de circunstancias, que su muerte ha suscitado, salvo honrosas excepciones, en la clase intelectual española o ---lo que es bien mirado peor, solo que esto resulta del todo inevitable--- la cascada de tópicos hueros que algunos medios ( los que los Medios de formación de masas, como el llamaba con justeza, han destilado estos últimos días por ahí. ). Anoche mismo me alegró no poco, no obstante, leer el espléndido artículo que sobre Agustín mi buen amigo Antonio Castellote insertaba en su blog, así como la gentileza que para con su memoria y legado tenía mi también excelente amigo y compañero Rodolfo López Isern al copiar admirativamente en el suyo, sin duda con , en su caso, un arreón de comprensible nostalgia, los memorables dos Sonetos Teológicos que circularan en copias de ciclostil allá por fines de los sesenta entre los universitarios madrileños, antes de usarse, ya editándolos, como pórtico a la primera edición del Sermón de ser y no ser en 1973.

     Decía que la obra de Agustín es única y casi inabarcable, no tanto solo por la cantidad y calidad, ya de por sí excepcionales, sino sobre todo por la multitud de caminos sugeridos o apuntados, sugerencias y puentes que podrían tenderse entre disciplinas y saberes aparentemente dispares o alejados, y así por ejemplo, en las tertulias del Ateneo, que se dieron, semana tras semana, desde 1997 hasta hace apenas quince días, no dejaba de admirar cómo se las ingeniaba para pasar de un poema de Machado o de Unamuno a una tesis de Heisenberg o una cita de Einstein, del comentario de un hecho de la actualidad política al desmenuzamiento de un fragmento de Heráclito, de un enunciado matemático ---cuando no de la noción misma de "Número"--- a un comentario de un pasaje de la vieja física atómica de los antiguos en la Rerum Natura lucreciana o a la evocación de un dialoguillo entre personajes de una comedia de Woody Alle.... para demostrar o al menos sugerir que en todos esos sitios se venía a decir o a entrever  acaso sustancialmente lo mismo...

    
Sí, única e inabarcable... En el ámbito de la Linguística, ya sea clásica, indoeuropea o moderna, ahí están sus dos gruesos volúmenes, más de 900 páginas en total, de sus ensayos Del Lenguaje (1979) y De la construcción (Del Lenguaje II) (1983), eso para no hablar de sus otros dos no menos enjundiosos estudios y recopilaciones de ensayos Hablando de lo que habla (1989) y Contra la Realidad (2002) donde reformula y condensa, dinamizándolas y abriéndolas a otras perspectivas y caminos, varias tradiciones lingüísticas, sobre todo la chomskiana o generativista y la estructuralista de matriz americana desde Bloomfield, de quien prologó y criticó por extenso una amplia edición española de sus escritos hecha a mediados de los noventa por la Universidad del País Vasco. Por poner solo un ejemplo, entre otros muchos conceptos y nociones puestos por Agustín en circulación, considérese por los expertos y versados en lingüística su categoría de Instancia de Organización de Frase, desarrollada en el primero de los libros citados, y póngase en relación con la manera en que se ha enseñado o tratado de enseñar por lo común las categorías gramaticales convencionales.... Pero los que hacían cosas eran otros.... Una anécdota: allá por mediados de los ochenta, con ocasión de la publicación por el insigne y ya fallecido Don Fernando Lázaro Carreter de un breve volumen de Estudios de Ligüística que editó Crítica ---no recuerdo el año exactamente, ahora no tengo el libro a mano y no me apetece para nada buscarlo entre los anaqueles---, volumen que yo casualmente acaba de leer y que me atreví a citarle, mientras caminábamos, un oscuro atardecer invernal, a tomar un blanco a una taberna, ya desaparecida, que había, si mal no recuerdo, en la esquina de Luisa Fernanda con Martín de los Heros, me masculló entre dientes ése es un ignorante...y me dejó caer rápidamente, acto seguido, en un lenguaje algo elíptico y oblicuo, que el tal librillo(es muy probable que él le hubiera echado un rápido vistazo por arriba, pero con eso era a efectos prácticos más que suficiente), no pasaba de ser un refrito apresurado de algunas síntesis de la investigación corriente entre lingüistas americanos de segunda fila....por cierto, allí se permitía Don Lázaro descolgarse con la prenda, naturalmente en una nota a pie de página, de que Del ritmo del lenguaje,  que a Agustín le había publicado La Gaya Ciencia una década antes, no añadía ni aportaba nada sustancial a las investigaciones en curso....     En cuanto a la filología grecolatina propiamente dicha, baste echar un ojo a las ediciones, que en nada demerecen en cuanto a cuidado y esmero de las de los grandes filólogos alemanes del XIX, de un Willamovitz-Moellendorf o un Dhiels, de la Iliada (1995), del Rerum Natura (1997) o de los fragmentos de Heráclito (1985) para comprobar hasta que punto se alza allí, además de la apabullante y bien asimilada tradición de estudios eruditos, en la traducción al castellano, la más alta y requintada poesía, en la maravillosa adaptación y casi cabría decir que transverberación al genio de nuestra lengua, de los metros del  sabio y elegante artificio métrico, rítmico y versificatorio de los antiguos.....y no solo de los antiguos: ¿cómo se come el mamotreto de 1900 páginas en papel biblia del monumental y apabullante Tratado de Rítmica y Prosodia y de Métrica y Versificación (2005) , donde se exponen minuciosamente al menos 40 ó 50 tradiciones métricas y poéticas distintas, desde épocas remotas, desde los inicios védicos y mesopotámicos hasta los románticos del XIX y los simbolistas del XX, en no menos de otras tantas 40 ó 50 lenguas?

     Queda asimismo su labor como traductor. Tradujo con igual gracia ---pienso que solo, en la España moderna, Gabriel Ferrater, y para el ámbito lingüístico catalán, podría parangonársele como traductor literario----competenca y pericia de siete u ocho lenguas, por citar algún ejemplo desde algunos de los ya mencionados clásicos grecolatinos hasta los magnos y venerables Sonnets of love shakespirianos (versión que llevo fatigando, ay, no menos de treintaytantos años, sin que deje de revelarme, vez tras vez, alguna escondida maravilla más) o el Macbeth (cuya versión llevaron a las tablas por los pueblos de la provincia de Zamora, a mediados y fines de los cincuenta, él y sus alumnos del Instituto de Zamora, montando el tinglado muchas veces en un corral o en un pajar semiarrumbado.... en aquellos años: de vez en cuando nos contaba, él mismo maravillado, como aquellos pobres campesinos, muchos de ellos hambrientos y semianalfabetos, llegaron a esperar horas la reanudación de la función, sin moverse ni pestañear, porque se había ido la luz o porque la Guardia Civil requería un permiso gubernativo que faltaba), una prolija y farragosa biografía de Herder del alemán, la Philosophie dans le boudoir de Sade ( donde convierte el pedantesco y raciocinante francés del libertino marqués en un delicioso recipendario de no menos deliciosas obscenidades en español vulgar trufado de zamoranismos), textos en latín eclesiástico, en sajón antiguo, en latín medieval y muchos etcéteras.

     Respecto a la poesía dramática, publicó no menos de docena y media de piezas teatrales, todas ellas en verso( de todas ellas me quedo con Feniz o la manceba de su padre y con la "tragicomedia musical" Iliu Persis, que en la sin duda bien fundada opinión de su venerado maestro Tovar (en una reseña de El País ya en 1977 ), de representarse, abriría para el Teatro fronteras inimaginables e insospechadas . Pero, en fin, qué decir de la poesía, género en el que Agustín publicó más de veinte libros , libros en los que un servidor, ya desde la adolescencia allá por principios de los setenta, creyó aprender o medioaprender propiamente a fabricar versos....En esto casi preferiría no extenderme mucho...Bien poco se ha dicho y bien poco se conoce al que es para mí, y no solo para mí, uno de los más grandes poetas españoles de este pasado siglo, comparable a cualquiera del 27 o posteriores, pero, en fin, esto requeriría otra entrada por lo menos, y bastante extensa.

      Hablé más arriba de escándalo. Un par de pinceladas tan solo porque no me apetece y me aburre sobremanera detenerme mucho en el fangoso ---y aburrido--- asunto de las peculiaridades del mundillo literario español: escandaliza que, como poeta, pero también en todo lo demás, se le haya ninguneado, otra vez salvo honrosas excepciones, hasta lo indecible; seguramente provocaba demasiadas envidias: el volumen correspondiente de la HCLE de Francisco Rico le dedica línea y media, mientras se consagran docenas de páginas a ensalzar a los garciamonteros de turno: un reputado poeta español, aún vivo y de los más famosos de la así llamada promoción poética de los cincuenta, cuyo nombre omitiré por vergüenza ajena, se refirió en cierta ocasión a él llamándolo marmolillo ,sin duda celoso y picado en su honrilla y narciso por la afluencia de público ---tan masiva que a Agustín mismo le hacía gracia y no acertaba a comprender--- que suscitaran unas series de conferencias profesadas en La Fundación March  en 1985-86...En cuanto a él, tenía la elegancia de que no solía denigrar a nadie, pese a la anécdota que conté más arriba....aunque tampoco se puede decir que elogiara, habiendo lo que había y hay, a demasiados: entre sus contemporáneos, y entre los filólogos más o menos estrictos o profesionales, más de una vez le oí alabar el trabajo de Alvar o de García Gual, entre los más jóvenes que él, hablaba invariablemente con admiración de Azúa, de Víctor Gómez Pin, de Tomás Pollán y de algún otro.

     Se mueren los mejores, sí se van muriendo, en tanto vamos chapoteando, cada vez más, y con la que está cayendo, en un océano de estupidez acomodaticia, de pereza, miseria y cobardía. Qué le vamos a hacer. Qué pena. Una notita para acabar: para la desdentada, la Dama pálida, le copio aquí los cuatro últimos versos (vv. 2013-2016) del Sermón. " Bendito aquel que venga con la mano en alto/ y borre las cenizas de la muerte, un día/que la red de oro de par en par se abre al aire/ y se pierden los murciélagos por el hondo cielo". Pues eso, Agustín siemprevivo.

domingo, 12 de agosto de 2012

FERLOSIO Y VARGAS LLOSA SOBRE LOS TOROS


     En el diario EL PAÍS del domingo 12 de agosto aparece a página completa un artículo de Mario Vargas Llosa titulado La "barbarie" taurina, que viene a ser una respuesta directa a otro, aparecido unos pocos días antes en la misma publicación, de Rafael Sánchez Ferlosio, en el que, tanto por su habitual maestría y brillantez literarias como por su irreprochable razonamiento, se lanzaba una apasionada andanada contra la así llamada "fiesta nacional", pero no, por cierto, contra su actual descafeinamiento, edulcoración,degeneración o miserable sometimiento a los manejos de los políticos ---aunque a todo esto, por supuesto, se aluda implícitamente--- sino en sí misma, como, en lo sustantivo a su juicio, manifestación y celebración, tan gráfica como obscena, de lo más bárbaro, sadomasoquista y repulsivo del corazón humano, y se acaba concluyendo que lo mejor que podría pasarles a las corridas de toros es que desaparecieran de una maldita vez, y esto es lo esencial "no por compasión de los animales sino por vergüenza de los hombres".

     Pues bien, en la repuesta de Vargas Llosa, tras dar cuenta en los primeros párrafos de lo mucho que le emocionó y le hizo disfrutar la asistencia a una corrida en Marbella  --- descripción salpimentada con alguna que otra nota mundana o  de sociedad toda vez que había al parecer por allí, como no podría ser menos, mucho famoso, y celebrada clandestinamente, dice él, aunque no explica por qué-- en que El Cordobés, Paquirri y El Fandi lidiaron toros de Salvador Domecq, se lanza a un ditirambo de los toros a base de la consabida batería de tópicos manoseados de  su presunto origen etnográfico-religioso, la coreografía, la danza , la pintura, las  inevitables alusiones a Picasso, Lorca y otros,  y deplora la según él innecesarian saña y violencia verbal con que Ferlosio ataca a Savater y a Ortega , a este por haber escrito --- también en mi opinión, en esto coincidente con la de Ferlosio--- aquel excelso ortegajo , esto es, la soberana ridiculez pedante , a la que tan aficionado era el ínclito Don José, de que no se puede entender la historia de España sin tener en cuenta la historia de las corridas.

     En fin, para Vargas los toros parecen ser la quintaesencia y la epifanía del espíritu, casi a la manera hegeliana, y nada habría de recusable en ello si no fuera porque, utilizando su en principio respetable gusto y aficiones personales, lo mismo se podría decir, pongo por caso, del gótico tardío o de los arroces marineros. Pero Ferlosio ya se ve leyendo su texto que iba mucho más allá, pues que se abría a la tecla y la consideración moral, en el sentido más noble de la palabra . No deja de sorprender, en fin, una y otra posiciones, al haber sido Ferlosio un apasionado taurino desde su juventud y hasta hace muy pocos años y Vargas me da la impresión que un aficionado relativamente reciente, en el que la pasión taurina, me atrevo a suponer, casaría demasiado bien o vendría a ser demasiado condigna con sus conocidos, como dicen ahora, posicionamiento político y frecuentación o semipertenencia a ciertos medios sociaales, algo en todo caso en los antípodas de Sánchez Ferlosio. 

miércoles, 27 de junio de 2012

LA VIDA DE AMOS OZ SEGÚN ÉL MISMO

Oz, Amos. Una historia de amor y oscuridad. Madrid. Siruela. 2010.

   Bien vale la pena, según creo, tansitar las más de 600 apretadas páginas, a las que he dedicado algunos ratos de este tan inacabable como raudo verano, de esta suerte de novela autobiográfica o autobiografía novelada--- uno de esos géneros híbridos que tan poco gustan a mi admirado amigo Antonio Castellote, hasta el punto de que, al decir de él mismo, tiene como norma el no leer nunca, supongo que como higiene mental, nada que pueda presentarse bajo ese rótulo---que del hebreo se ha traducido al español de este escritor, nacido en 1939, al que se considera por la crítica al uso, ignoro con qué fundamentos al ser totalmente lego en asuntos de literatura hebrea contemporánea, uno de los más prominentes, si no el que más, de la moderna producción literaria que se hace en el Estado de Israel.
    Y a este respecto del moderno Israel,  a las circunstancias políticas derivadas de la imposición de los judíos en Oriente próximo, a la perpetua guerra que sostienen con los árabes y a los manejos de las llamadas grandes potencias, hay que decir que se refiere en parte el contenido de este extenso y variado texto. Oz es un judío liberal en la acepción americana del término, esto es, heredero de la izquierda intelectual europea del periodo de entreguerras y, claro está, partidario de llegar a un modo de entendimiento más o menos duradero con los palestinos, sin duda bajo la forma de un Estado soberano para ellos definido por fronteras estables y garantizadas por la seguridad internacional. En este sentido se sitúa radicalmente en contra de los halcones  que controlan el Estado de Israel, en rampante guerra larvada con sus vecinos árabes desde hace décadas y que cada vez confinan más a los palestinos en pequeños guetos dentro de un ya de por sí minúsculo territorio, en una política calculada de confinamiento y semiexterminio que no solo recuerada algo (he escrito algo, no estoy diciendo que sea en absoluto lo mismo) a los nazis  y que convierte al Estado hebreo, a la democracia de Israel, ---así, con esta expresión, lo escribió Ferlosio para un artículo en El País en los ochenta que se intentó censurar por los entonces responsables del Comité de Redacción y que, ante la negativa del autor a cambiar una sola tilde, acabó publicándose en otro sitio---en uno de los más agresivos, fascistas y terroristas del mundo.
     Pero, en fin, vayamos al libro mismo. Este se nos presenta, rompiendo adrede la secuencia cronológica de los hechos con continuas anticipaciones y saltos atrás, por un lado, como una crónica histórica de la Palestina y del Jerusalén de los años treinta ---la época de emigración a la tierra de promisión de sus padres y abuelos, como otros muchos centenares de miles de judíos, desde oscuros rincones de la Europa oriental---, el caótico, cosmopolita y en permanente tensión prebélica Jerusalén de esas décadas, todavía del periodo del Protectorado Británico--- y, por otro, como una saga familiar, la minuciosa descripción de la familia a partir de varias generaciones atrás, judíos ortodoxos los más, y sobre todo la de sus padres, intelectuales plurilingües mal pagados y dedicados a tareas modestas o en todo caso muy por debajo de sus capacidades. Se trata de un largo cronicón histórico- autobiográfico, que si bien resulta a veces algo repetitivo y prolijo, nunca llega a aburrir.

     Muchos asuntos y motivos, en abigarrada amalgama, se funden en el  relato, que alterna la 1ª y 3ª persona gramaticales y que va del  niño de precoz inteligencia, que aprendió a leer "prácticamente solo" (pág.31) y que  pugna por descubrir el mundo que le rodea a partir de su medio familiar, erudito y sionista, al  niño bibliófago al que el padre le reserva un pequeño espacio en la biblioteca para que fuera colocando los libros que le regalaban para cuando alcanzara la mayoría de edad, o al que dibujaba en un mapa por él diseñado la guerra de liberación de los judíos con banderitas y lápices de colores. Espléndidas resultan, por los subrayados irónicos de trazo grueso, la evocación del compulsivo puritanismo de los abuelos maternos, escandalizados por la libertad de costumbres y la sensualidad de lo que ellos llamaban Levante ---es decir, el oriente Medio, en contraposición a la Europa centrooriental de la que procedían--- o la de Saúl Tchernijevsky, el poeta-médico místico del Sionismo, la del patriarca de la poesía hebrea moderna Klausner y, sobre todo, la del tío abuelo Yosef, un gran sabio con el que el narrador acabará marcando distancias. Este Yosef poseía una soberbia biblioteca de más de 25.000 volúmenes en muchas lenguas, que daba a entender que leía sin dificultad aunque en realidad solo dominaba unas cuantas. El viejecillo, tan ególatra y pagado de sí mismo como tierno e infantiloide, amén de algo mentiroso, resultaba megalómano y algo ridículo, obsesionado con su destino mesiánico de campeón de la erudición judía y por eso se pasó la vida escribiendo como un forzado cientos de artículos para las revistas de todo el mundo que se los admitían (que ni que decir tiene que no eran todas las que él hubiese deseado). Siempre quejándose de la salud y de lo incomprendido y envidiado que era, estaba poseído obsesivamente por la idea de la redención del pueblo de Israel, el aplastamiento de los enemigos (en consonancia con los deseos y el mandato de Yahveh) y la creación de un moderno Estado que fuera la envidia del mundo. No menos entretenidas y admirables resultan las viñetas o recordatorios consagrados a toda una larga retahila de parientes, artesanos, comerciantes arruimados, revolucionarios idealistas, intelectuales frustrados o filántropos tolstoianos, que constituyen el cuerpo central del libro y que viene a ser un convincente retrato de la vida de las comunidades  Ost juden , ucranianas, lituanas y polacas en especial, del último tercio del XIX.

     Pero donde el relato adquiere en verdad fuerza e interés novelesco es en la larga evocación de la figura y personalidad de sus padres, Yehuda Ariel Kausner y Sonia, él permanentemente frustrado e insatisfecho, consciente tanto de su valía como de la estrechez y rigidez moral de su medio; ella, siempre infeliz y como aplastada por la vida que le robaron con la emigración y la extrañeza y crueldad de un destino que no pudo elegir. En el recuerdo de la imagen moral de la madre y en su temprano suicidio  ---siendo Oz adolescente, lo que como es natural le marcará indeleblemente--- anida el meollo íntimo de todo el libro y acaso su justificación última, en la medida en que parece que Oz lo hubiera escrito sobre ese cañamazo. Oz reprocha a la madre que los abandonara, a su padre y a él, y que en el fondo nunca los quisiera, perdida como estaba en su mundo de nostalgias imposibles y en la aceptación forzosa de la familia de su marido, los Klausner, que detestaba. Nunca pudo Sonia soportar el contraste entre su vida anterior en Rovno como chica rica hija de comerciantes acomodados y su postrior existencia en Palestina, vida de modesta ama de casa obligada a tragarse su cultura y su sensibilidad juvenil y a oler el repollo y los orines secos de su modesto apartamento familiar. De ahí su progresivo desinterés y desapego por todo, por la miseria y el agusanamien to de la institución familiar, por las conspiraciones políticas, por los cotilleos, por las hueras convenciones de la vida social, por los sueños y delirios del sionismo. Con todo ese mundo heredado acabará rompiendo, según se nos cuenta con todo detalle, el joven Oz, que a los diecisiete años se largó a trabajar a un  kibbutz, se hizo socialista y se olvidó para siempre (para recordarlo mejor después, claro) de donde había salido.

     Un libro, en suma, que me ha sido grato y que me ha gustado leer, en medio de tanta sobreproducción de morralla de medio pelo y al que, como empecé diciendo, ha valido bien la pena de dedicar algunos ratos que le desentiendan a uno algo de la canícula agosteña. 

domingo, 27 de mayo de 2012

DOS POEMAS AMERICANOS




I
Oyes su crepitar
en esta alba lluviosa
preñada de presagios,
veo y oigo tu rostro,
todos los ruidos y silencios palpo,
que al ocultárseme se me rebelan
al otro lado de tu espejo pálido,
tu aliento y cara siento
como el presente de hoy,
pero, ay, inseparable de un  pasado
ambiguo e inquietante,
también prendido en la solitaria rosa
de esa que se adormece, tan suave, a tu costado,
espejos quebradizos,
el uno con el otro,
a la vez uno y ambos,
América de los extremos que se tocan
criando grumos ácidos,
América de inmensas avenidas
tras todos los futuros y espantajos,
que de consuno a ti te alimentan y nutren,
ebrio gigante con los pies de barro.

Y el embeleco y la inocencia
de toda ti columbro,
los entreveo y masco,
de tus dulces colinas boscosas y aquietadas,
los arces venerables, las veredas idílicas,
tapizadas de verdes,
del valle alto del Hudson,
oh América del mito y del laurel de Withman,
de tanta lenta aurora acuchillada
por los hombres sin rostro ni entrañas ni cuidado,
América, tan moribunda y viva
en el altar del dólar,
en  los secos y oscuros recovecos
por todos esos, tuyos, senderos enlodados,
América que poco a poco se deslíe
en los hilos de niebla
de esta aurora lechosa,
en tus tristes claveles marchitados,
América, también
viva y pintada en los cerrados ojos
de quien duerme a tu lado,
América que marcha
mirando frente a todos los abismos,
---
looking forward por norte, clama la propaganda---
con el intermitente diapasón
y con el pie cambiado
de esta hiriente sirena mañanera
en la que oyes  sus ruidos crepitar
con silenciosos pasos.

                                                                     II


To Sherry & Ken, to Georgette, to Samantha &Dan and to Gene & Cathy
 ( Jewish Cementery, Long Island, NY, primavera de 2012.)

Al fin dormís en paz,
y en este praderío deleitoso
gozáis del ultimo, final descanso,
al fin vosotros, Kaufman, Herzl, Wolinski,
Horowitz,  Russo, Freud, Reiter y tantos otros,
---
unveil ceremonial,
reza el muy consabido
ritual o protocolo---,
en el tranquilo seno del Señor,
en sus repliegues íntimos, el hondón  más recóndito
de su regazo saturnal, del más cruel,
arrumbado desván de todos los trasfondos.
La piedad familiar se reconcentra entonces
en el légamo dulce y en la memoria próvida,
en el ara y santuario
de esta quietud señera, este reposo.
Y así dormís al fin en paz, en tanto
sopla el viento en Long Island,
sobre el cercano mar y por los roquedales
y en las últimas briznas de las hierbas
y sobre el alto matorral y en medio
de castaños y robles y de olmos venturosos.
Oh  hijos de Israel, dormid tranquilos,
oh pueblo de Israel que aguardó siempre
la espada de su Dios
el puño de su acero,
que desde los orígenes del tiempo viera cómo
se cernía letal
sobre injustos y réprobos,
ahora no vigiláis, tampoco esperáis nada,
dormís tan solo,
seguros de que El
la ciudad de los vivos
otea desde arriba, velando por vosotros,
y esparce su palabra a todo viento,
el Libro,el Libro  que se dice único,
el de una vez sola proferido
y vuelto  portentoso,
con su hálito, cordial y despiadado,
que, acerada cuchilla, hiere el rostro,
su halo temerario,
brillante, cegador, gélido y despiadado,
---mientras el viento silba por Long Island---,
abierto ante vosotros.







sábado, 17 de marzo de 2012

PALAZUELO SOBRE LA DESDENTADA


Doy aquí un par de poemas más de entre los versos inéditos que dejó mi malogrado amigo Palazuelo. Creo haberlo conocido bastante bien y sé, por las muchas horas de conversación que pasé con él, de hasta qué punto la muerte era una de sus obsesiones, aunque no se pueda decir que hablara demasiado del asunto. Más de una vez me confesó, no obstante, cómo la pálida poblaba muchos de sus frecuentes insomnios y cómo se enfrentaba a ella tratando de esquivar esa especie de terror metafísico frío , aun a sabiendas de que en este terreno es imposible toda racionalización, jugando a autoengañarse mediante el recurso a la iconología, la música y la poética: le fascinaban las alegorías y las representaciones medievales sobre las Danzas de la muerte ,así como las Misas de difuntos de Tomás Luis de Victoria y de Sebastián Burón, las consideradas obras cumbres, en este género musical, del Renacimiento y Barroco español respectivamente, y le gustaba recitar, por ejemplo, el soneto de Borges sobre el grabado de Durero (Ritter, Tod und Teufel) que principia "Bajo el yelmo quimérico el severo/perfil es cruel como la cruel espada..." y el titulado Ewigkeit , cuyo primer cuarteto reza " Torne a mi boca el verso castellano/ a decir lo que siempre está diciendo/ desde el latín de Séneca, el horrendo/ dictamen de que todo es del gusano", composiciones que parecían provocarle una especie de tranquilidad y consuelo.Los mismos que quizá le procurarían, me atrevo a suponer, estos dos poemas suyos. El intento de descripción, entre objetivada y distante, del primero contrasta con la resignación y la implícita declaración de impotencia del segundo, en el que al menos, ya que la voz poética se declara ahí incapaz de escapar del miedo, se confía en que ella, la pálida ( a la vez que se reconoce, un poco contradictoriamente, la inanidad de toda retórica racionalizadora) venga ahorrándose todo su aparato de señales y anuncios.
Los versos, por lo demás, me parece que tienen, tanto en su imaginería ---en la que no dejan de resonar algunos ecos del antecitado Borges, sobre todo en el primero de los textos--- como en su bien urdido juego de encabalgamenientos, una más que aceptable dignidad.


I
Debe de ser quizá algo parecido
a un huir hacia adentro
hundiéndose en el mismo corazón,
hasta todo anegarse
en la raíz desnuda de los tuétanos,
o puede que algo como
no más que irse cayendo
hacia una sequedad atroz, tan solo
plena de su vacía inmensidad sin techo,
cuando la sangre se abandona y suenan
los penúltimos pálpitos
como un lejano eco
asordado y fijos,
clavados para siempre
los ojos entreabiertos
a una luz cegadora que arrebata,
seca y dura, a un abismo
hormigueante de larvas y de élitros;
sí, dura y seca como la arista de la nada,
la sombra y la ceniza,
nuestra muerte desnuda y necesaria,
nuestro íntimo centro.

II

Porque bien sabes cómo
su esencia verdadera
es el miedo y poder que se le otorga
a la aún no venida
que en el futuro acecha,
no quisieras tú nunca
rendirte más a ella,
a esa oscura corola tenebraria
que en tu interior se inflama amenazante
como quiste fatídico
y, al cegarte, te lleva
a que de negro tintes
el coagulado llanto de los días
y a la resignación, acre y misérrima,
de tener que esperar la hora y el momento
en que ella comparezca,
al arrimo de luz de sus hachones
y de sus sombras tétricas:
rendirte a un miedo de esa manera convertido
casi en segunda piel
hasta esparcir cristales por tus venas;

pero desearías que otra planta
clamara desde el mismo corazón
y en ti enraizara y floreciera
al calor de la magia del acaecer puro,
pura revelación de aquí y ahora
diciendo la mentira de sus fechas,
aunque, ay, si eso no puede ser ni darse
y de eso desesperas,
que al menos se te diera conjurarla
para que a traición venga y sin ninguna de esas
señales que la anuncian tan certera;

para que --- aún menos ---
puedas algún momento liberarte de aquella
nostalgia de la nada y sueño sin orillas,
la retórica jerga
que sirve solo para
hacer la jeta de la dama un poco
menos omnipotente y más discreta.

martes, 6 de marzo de 2012

UNA FÁBULA SOBRE LA BONDAD

Hidalgo Bayal, Gonzalo. Paradoja del interventor. Barcelona. Tusquets. 2010.

Esta breve novela del escritor extremeño Hidalgo Bayal, primera de las suyas que he leído, me ha interesado y divertido tanto por lo insólito y original de su asunto como por la evidencia de la voluntad de estilo que la anima, visible en lo cuidadoso y bien meditado de su escritura. Un personaje innominado, hombre de apariencia y aspecto anodino, viaja en tren con destino a nunca se sabrá dónde ni para qué y en una estación intermedia se baja para tomar un café y llenar una botella de agua. Ha dejado todas sus pertenencias a bordo, se entretiene un poco más de lo necesario y pierde el tren. Desesperado, pregunta por el interventor pero nadie sabe darle razón de él. A partir de esta leve anécdota inicial, de ese momento en que las puertas del destino se abren a lo imprevisible y al que el autor apunta con una sugerente metáfora ( "Hay veces en que un mínimo instante supone una fractura total en la inmensidad del tiempo, un tajo limpio y vertical en la superficie marina y endeble de la eternidad", pág.13-14), el hombre será siempre para los demás "el interventor" y vivirá una neblinosa pesadilla de incomunicación y abandono que solo habrá de acabar al final en los abismos de la aniquilación y la insignificancia.

Dividido en 68 parágrafos o fragmentos sin titular y sin un solo punto y aparte,morosamente descriptivo, sin apenas diálogo y de ritmo muy lento en su progreso, el relato, por lo demás muy rico en elementos simbólicos (el mensaje en la botella de agua, el fuego purificador ), parece ser a la vez una fábula metafísica sobre la soledad y una meditación sobre la bondad natural, si es que tal cosa puede de veras concebirse y si constituye algo más que un mito roussoniano, y acierta a crear una atmósfera de alegoría kafkiana, de la primera a la última página ---incluso con referencias explícitas:"No era como el pistolero que pretendía saldar cuentas, ni como el detective que sigue la insidia de una huella delatora, ni siquiera como el agrimensor que pregunta por el camino del castillo", pág. 24---,tanto por el impotente conformismo del protagonista como por la opacidad e hiriente arbitrariedad de los poderes que lo tiranizan.

Una serie de personajes, casi todos de la familia moral del principal, algo ridículos por la obsesión o manía que los caracteriza o del todo insignificantes por la aplastante resignación e inanidad de sus vidas, acompañan al interventor, como comparsas o contrafiguras, en esta fábula: el muchacho de la taberna, hosco y metomentodo, fijado al recuerdo del río donde lo llevaba a bañarse de niño su madre y herido por el temprano abandono de ésta, que sueña compulsivamente con conocer el Mississipi en un intento patético por recuperarl; los gemelos, afilador y guardagujas, a quienes una lesión genética hace quedarse sordos, como a todos sus ancestros varones, justo el día en que cumplen los 49 años; el viejo, cariñoso y locuaz vendedor de barquillos, que se toma su humilde oficio con la prosopopeya de un sacerdocio vocacional; el pobre diablo, bebedor de vino barato en su ronda diaria por las tabernas, que se cree Cristo reencarnado y cuyo discurso es un empedrado de citas evangélicas contrahechas; el trapero que aprendió en la mili el arte de pelar la fruta con cuchillo y tenedor, que hizo una demostración de tal habilidad en una ocasión ante la mujer del comandante, a la que secretamente deseaba y al que, para rememorar, muchos años después, su momento de gloria, no se le ocurre otra cosa que obligar de vez en cuando a una muchacha mendiga a oficiar como figurante muda mientras él hace el numerito de la fruta; la joven prostituta prematuramente envejecida y cada vez más degradada, a la que se presenta en términos tiernamente elegíacos; la pandilla de vándalos y macarras juveniles que arruinan con sus ruidos y voces el mísero sueño del interventor cuando pernocta en un coche abandonado, y algunos más.

Hay algo, en la coloración moral del adjetivo, en la disposición misma de la descripción, que recuerdan un tanto el mundo del Alfanhui de Ferlosio (así en el pasaje sobre los pájaros y la libertad, págs. 37-38, o más claramente aún en la digresión de las 42-45 acerca del tiempo como puro acontecer en el ahora y liberado por eso mismo de la tiranía del futuro) y algo del mundo de Benet en otros sitios, sea porque se juega con el motivo, tan caro al escritor madrileño, de la desdicha y la ruina como único destino ( en el pasaje de la pág. 64 que empieza "Así como un tronco seco a la vera de un camino se pudre indefinidamente y es morada de parásitos...") o sea por el recurso a parecidos arabescos sintácticos y a acumulación de subordinadas( en el de las 109-110 acerca de los efectos corrosivos de los bulos y las habladurías que principia "Tal vez fuera por entonces o desde luego no mucho más adelante....")

Llega a cargar un poco, en fin, en esta prosa, diríase que demasiado preciosista o un tanto forzadamente literaria, la sobreabundancia de adjetivos, aunque a veces dé con alguno inesperado ("un paredón expresionista", pág.18, "una condena siniestra, temporal, ferroviaria", pág. 19), a menudo insertos en series de cuatro o cinco sinónimos contextuales :" desaseado, desastrado, sucio, maloliente", pág. 101, "magullado, oscuro, herido, sucio y hambriento ",pág. 124) y cierto abuso de recurrencias y paralelismos (como en 149-150) y esto es me parece casi lo único que podría decirse en contra de esta novela por lo demás tan llena de hallazgos, excelencias verbales y felices metáforas ( "como si minuciosos alfileres hubieran grabado sobre él un imaginario periplo de anatomía en acerico"--pág.31---, " una voz sobria y gastada, con posos de herrrumbre en las vocales ---pág. 136--- )